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FAOT XXIV – Tercera noche de gala

ALAMOS.-Para su tercera noche de música vocal, en el patio central del Palacio Municipal de Álamos, el Festival Internacional Dr. Alfonso Ortiz Tirado 2008 presentó uno más de los recitales de canto que forman la parte medular del evento.
En esta ocasión, tocó el turno al joven (29 años) tenor cubano Yury Hernández, quien estuvo acompañado por la pianista Rosario Aguilera.
El programa propuesto por el cantor isleño se caracterizó por estar enfocado de manera mayoritaria a diversas expresiones de la música popular (España, México y Cuba), aunque no por ello dejó de incluir algunas piezas de repertorio más académico.
Así, Yury Hernández ofreció algunas piezas básicas, como E lucevan le stelle de la Tosca de Puccini, pero a la vez se atrevió a transitar por material operístico menos conocido, como la bienvenida inclusión de un aria de la temprana ópera de Verdi, Los lombardos en la Primera Cruzada.
En la segunda parte de su programa, dedicada por entero a la música popular, el tenor cubano decidió abordar todas estas atractivas canciones en un estilo muy homogéneo, muy anclado en los preceptos académicos del canto operístico, lo cual permite cuestionar hasta cierto punto su falta de experiencia en cuanto al estilo.
Es cierto que Yury Hernández tiene una voz potente y bien dirigida, y una técnica que, si bien perfectible, ya es sólida, pero es claro que le falta ser un poco más flexible cuando de músicas vernáculas se trata.
Para ejemplo, baste mencionar dos bellísimas canciones de la Nueva Trova Cubana, de la autoría de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, destacadas en su música y en su texto, pero cantadas cual si hubieran sido trágicas arias de alguna ópera de Verdi o Mascagni.
Un buen detalle al interior del programa del tenor cubano fue el de ofrecer al público de Álamos un bloque de tres canciones populares que fueron parte importante del repertorio del Dr. Alfonso Ortiz Tirado, entre las que destacó una buena versión de la hermosa canción La paloma, de Sebastián Yradier.
Después de finalizar su recital con una clara intención de complacer al público, a través de sendas canciones de Lara, Lecuona y Manzanero, el tenor cubano Yury Hernández siguió con esa misma línea de conducta, y ya fuera de programa, se fue por el lado ranchero y cantó un par de canciones que se han hecho famosas en las voces de Vicente Fernández y su hijo Alejandro.
Sin duda, música bien apreciada por los rumbos de Álamos y sus alrededores, pero habría que preguntarse si las canciones rancheras (cantadas, también, en el estilo de arias de ópera) tienen un lugar natural en el contexto de un recital de esta naturaleza, y en el contexto general del festival.
Sobre todo, si tales canciones rancheras son cantadas sobre pistas pre-grabadas, y con micrófono y una buena dosis de amplificación.
De cualquier modo, el público reunido recibió con entusiasmo el recital de Yury Hernández, un recital que claramente tuvo mucho de complacencia.

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MARTIN URIETA

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